De Diputado Delmastro:
INTERVENCIÓN EN DISCUSIÓN SOBRE LEY GENERAL DE EDUCACIÓN
(23/06/2008). El señor CERONI (Vicepresidente.- Tiene la palabra el diputado señor Roberto Delmastro.
El señor DELMASTRO.- Señor Presidente, luego de un largo proceso de discusión y análisis, se ha llegado a este proyecto que establece una nueva ley de educación, para mejorar sustancialmente la calidad de la educación de nuestras futuras generaciones y reemplazar la actual ley orgánica constitucional de Enseñanza, que ha sido objeto de críticas en todos los sectores, debido a los magros resultados académicos a nivel nacional.
La discusión del proyecto se ha centrado en el lucro; en la selección de alumnos; en la preeminencia de la educación pública sobre la privada, etcétera, desviando, a mi juicio, el tema principal y que debería ser el objetivo vertebral de la educación, cual es terminar definitivamente con la pobreza durante esta generación.
Chile es uno de los países con más inequidad en el mundo, donde el 10 por ciento más rico de la población acumula el 47 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 10 por ciento más pobre, obtiene sólo el 1,2 por ciento de los ingresos totales. Como lo señaló la Conferencia Episcopal en 2005 "…en nuestro país las diferencias sociales, manifestadas en calidad de vivienda, acceso a bienes de consumo, salud, educación, salario y otros, alcanza niveles escandalosos".
En nuestro país se implementó el Sistema de Protección Social, con la idea de acortar las brechas existentes, apoyando a las familias más vulnerables, que muchas veces entran y salen de la pobreza, cuya movilidad la causan la no solidez o la inestabilidad de los elementos de apoyo.
La pobreza se define como la carencia o la falta de diversos elementos necesarios para la vida de las personas, entre los que se cuentan, principalmente, vivienda, salud, educación, trabajo y justicia, amén de componentes afectivos, como son el amor, la compañía, la recreación, etcétera.
De todos estos componentes, el único que verdaderamente pertenece a la persona, que es de su propiedad, que no lo puede perder y que nadie se lo puede quitar, es la educación. Una persona puede perder la vivienda, el trabajo, la salud o cualquier bien material, pero nunca la educación. Es más, de los elementos mencionados como carentes en la pobreza, el único que es capaz de recuperar o de poseer a los otros es precisamente la educación. Con buena calidad de educación, la persona puede obtener un buen trabajo y, con él, todos los otros elementos que le permitan alejarse cada día más de la pobreza.
Por eso, para enfrentar la desigualdad se debe actuar desde el origen y a temprana edad, hasta que la persona esté habilitada para desempeñar un trabajo y ser autosuficiente.
La falta de educación y de capacitación golpea directamente al corazón de la capacidad de la persona para tener un empleo y, por ende, alejarse de la pobreza. Existe una tasa muy desigual de ocupación y desocupación por deciles de ingreso y por edad, castigando a los deciles más pobres y a los trabajadores más jóvenes, cuyas tasas de desocupación más que triplican las cifras nacionales.
La realidad nos muestra que por cada año de estudios mejoran los ingresos de los ocupados y que la educación postsecundaria es la que provoca un cambio importante en el nivel de remuneraciones. En nuestro país, el 50 por ciento de la fuerza de trabajo no ha concluido la educación secundaria, situación que se mantendrá hasta el 2020, por lo que la capacitación como complemento a la educación formal faltante, es un factor muy importante en el corto y mediano plazo.
En resumen, si en el mediano plazo, la educación será el factor más importante para terminar definitivamente y para siempre con la pobreza en nuestro país, ese deberá ser nuestro principal norte como legisladores, sin importarnos si se trata de educación pública o privada, si hay selección, si hay lucro o no. Sólo deberá importarnos que la educación esté al alcance de todos nuestros niños, en todos los rincones del país, y que sea la mejor calidad que podamos brindar.
La educación de calidad no tiene ni olor ni color, sólo tiene sudor, sudor de los alumnos, sudor de los profesores y sudor de los padres; el resto es sólo poesía.
He dicho.